jueves, 11 de junio de 2009

QUE ES LA IMAGEN MENTAL

IMAGEN MENTAL
Desde los orígenes de la civilización se viene utilizando el lenguaje de las imágenes como vehículo de expresión de conceptos. Con esta misma intencionalidad la Iglesia también se sirve, para la propagación de su ideología, de los infinitos recursos que suministra la plástica.
"Es común y natural a los hombres contemplar a Dios por imaginaciones y figuras", "por nuestras imperfecciones tenemos necesidad de consideraciones sensibles", se lee con frecuencia en los tratados de espiritualidad. Los predicadores traducen a menudo en imágenes pensamientos o metáforas. "Hágase presente a los razonamientos, represéntelos vivamente a los oyentes", aconseja a los oradores San Francisco de Borja. San Ignacio codifica en sus Ejercicios Espirituales un sistema de meditación llamado a obtener un éxito clamoroso. El método consiste básicamente en aplicar las facultades de los sentidos en la consideración de las circunstancias que rodean a la sagrada historia objeto de reflexión.
Todos estos extremos reclaman una oportuna formulación legal que posibilite un óptimo y correcto aprovechamiento de lo que ahora llamaríamos medio de comunicación de masas. Las resoluciones se declaran en el Decreto de la sesión 25 del Concilio de Trento, celebrada en diciembre de 1563. Dicho Decreto canaliza la retórica de las artes plásticas por una triple vía: la instrucción, la convicción y la persuasión.
La adecuada enseñanza de las verdades de la fe obliga a suprimir todo lo que pueda prestarse a error o a "falso dogma". La convicción impone conducir las imágenes hacia la manifestación de razonamientos eficaces y la persuasión recomienda orientarlas hacia una movilización de los resortes afectivos. El discurso debe rociarse con las lágrimas del arrepentimiento si quiere producir una beneficiosa fijación del mensaje ideológico.
El primer pensamiento del cristiano, según indican los maestros de la vida devota, debe dirigirse a la estimación de los beneficios que Dios concede a la humanidad y el principal de todos ellos reside en el misterio de nuestra Redención. La reflexión parte del momento en que se inicia el derramamiento de sangre del Salvador: el acto de la Circuncisión. Y es precisamente en este contexto pasional donde la piedad de la Contrarreforma conforma las modalidades iconográficas.La escena, que aparece con más frecuencia y variación de lo que en 1948 estimaba Sánchez Cantón (1), se presenta, según una secuencia temática simple, como el pórtico de los dolores de Cristo, siguiendo una imagen mental muy difundida por los libros de meditación y que la plástica reproduce en numerosos retablos y cuadros de devoción.

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